A petición de algunos de los que estuvistéis en la boda de Camilo y Raquel, os dejo aquí los 10 consejos que con mucho cariño elaboramos Alex y yo para ese día tan especial.
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DIEZ CONSEJOS PARA UN MATRIMONIO FELIZ
1.- Que Dios sea siempre lo primero. Que en casa haya un tiempo y un espacio para orar y meditar juntos en su Palabra. Un hogar construido sobre la roca, que es Cristo, puede ser sacudido por vientos y tormentas, pero no destruido.
2.- Sed siempre amigos. Muchos llegan al noviazgo a través de una bonita amistad… y matan la amistad cuando se convierten en esposos. Seguid siendo amigos siempre. Sed vuestros mejores amigos. Sed alguien en quien vuestro cónyuge pueda confiar cuando tenga necesidad, pero también alguien con quien pueda jugar, reír o divertirse (no os volváis aburridos el uno con el otro…). Seguid siendo amigos de verdad.
3.- Acepta siempre a tu cónyuge, y cambia para que a tu cónyuge le sea más fácil aceptarte. Muchos nos enamoramos de personas que son diferentes a nosotros, porque sentimos que esas personas nos complementan o nos hacen mejores. Sin embargo, cuando nos casamos esa admiración por las peculiaridades de nuestra pareja se convierte en un deseo de cambiar a nuestro cónyuge para que sea más como nosotros. Que no suceda esto entre vosotros; seguid aceptándoos siempre tal como sois. Recordad que fuistéis hechos a imagen de Dios (y Él sabía lo que hacía)
Por otra parte, que el debernos aceptación mutua no se convierta en excusa para la mediocridad o para perpetuar y justificar nuestras debilidades y nuestros comportamientos inadecuados.
4.- Reservad regularmente un tiempo para vosotros, solo para vosotros, sin distracciones de ningún tipo (sin ordenador, sin TV, sin I-phone…). Tomad un té juntos, invitaos a una cena especial, dad un paseo. Haced lo que queráis, pero que sea solo para vosotros. Comprometeos a dedicaros, al menos, un rato al día, unas horas a la semana y unos días al año. Esto puede parecer fácil ahora, cuando aún estáis atontados el uno por el otro, pero con el tiempo y las responsabilidades esto se vuelve más y más difícil. Así que tomad la decisión ahora y respetadla cuando resulte complicado hacerlo.
5.- Tomad juntos todas las decisiones. Esto no siempre es fácil, pero vale la pena. Cuando decidimos juntos, o los dos acertamos o los dos nos equivocamos (no hay bandos). Sin embargo, cuando no nos esforzamos por buscar el consenso, acabamos acostumbrándonos a tomar cada uno su camino, y esto siempre lleva al distanciamiento y, en ocasiones, también a la separación.
6.- No deis lugar a la dejadez, el conformismo y la mediocridad. Seguid conquistándoos siempre. Cuidad los detalles, que son importantes. No descuidéis el aspecto físico, como tampoco lo habéis hecho durante el noviazgo, ni dejéis de interesaros en aquellas cosas que interesan a vuestro cónyuge. Enamorarse pude ser fruto de un flechazo, pero seguir enamorado es fruto de un esfuerzo constante e intencionado.
7.- Servíos el uno al otro. Que el matrimonio sea como una competición en la que cada cónyuge busca ser el que más sirve, el que más pendiente está del otro. Así, todas vuestras necesidades serán suplidas, no por vuestro propio esfuerzo, sino por el esfuerzo y la dedicación de vuestro esposo o esposa. Todos llegamos al matrimonio con una servilleta en la mano; pongámonos esa servilla al brazo, como buen camarero que quiere atender diligentemente a sus comensales, no al cuello, como persona que solo viene a disfrutar del banquete.
8.- En la intimidad, buscad siempre la satisfacción del otro antes que vuestro deleite particular. La relación íntima es otra área en la que también podéis serviros en amor. Hacedlo con delicadeza y suma atención.
9.- Tres fronteras que no debéis cruzar: la noche, el menosprecio y la violencia.
• Nunca os vayáis a dormir enfadados. Es mejor dormir poco pero en paz, que dormir mucho pero en amargura. En el silencio de la noche y en lo secreto de nuestra mente, los problemas no resueltos se hacen mucho más grandes con facilidad.
• Nunca digáis una palabra con menosprecio. Ni tan solo la penséis (y, si os viene a la mente, no la alberguéis en el corazón), ya que los momentos de ira o frustración acaban sacando a la luz lo que hemos escondido en nuestro corazón.
• Nunca practiquéis la violencia, ni la física ni la verbal. Cualquier acto de violencia deja heridas que son muy difíciles de sanar y que, en cualquier caso, pueden dejar cicatrices que duren para siempre. Además, cualquier acto de violencia abre una puerta que cada vez nos resulta más fácil cruzar. Nunca abráis esa puerta.
10.- Que el dinero sea vuestro siervo, nunca vuestro amo. Y que sea un elemento unificador, no una herramienta de separación. Muchas personas se sorprenden al descubrir que las cuestiones económicas son una de las principales causas de separación. Sujetad al dinero. Decidid juntos cómo lo vais a ganar y cómo lo vais a gastar. No dejéis que él gobierne vuestra relación.
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DIEZ CONSEJOS PARA UN MATRIMONIO FELIZ
1.- Que Dios sea siempre lo primero. Que en casa haya un tiempo y un espacio para orar y meditar juntos en su Palabra. Un hogar construido sobre la roca, que es Cristo, puede ser sacudido por vientos y tormentas, pero no destruido.
2.- Sed siempre amigos. Muchos llegan al noviazgo a través de una bonita amistad… y matan la amistad cuando se convierten en esposos. Seguid siendo amigos siempre. Sed vuestros mejores amigos. Sed alguien en quien vuestro cónyuge pueda confiar cuando tenga necesidad, pero también alguien con quien pueda jugar, reír o divertirse (no os volváis aburridos el uno con el otro…). Seguid siendo amigos de verdad.
3.- Acepta siempre a tu cónyuge, y cambia para que a tu cónyuge le sea más fácil aceptarte. Muchos nos enamoramos de personas que son diferentes a nosotros, porque sentimos que esas personas nos complementan o nos hacen mejores. Sin embargo, cuando nos casamos esa admiración por las peculiaridades de nuestra pareja se convierte en un deseo de cambiar a nuestro cónyuge para que sea más como nosotros. Que no suceda esto entre vosotros; seguid aceptándoos siempre tal como sois. Recordad que fuistéis hechos a imagen de Dios (y Él sabía lo que hacía)
Por otra parte, que el debernos aceptación mutua no se convierta en excusa para la mediocridad o para perpetuar y justificar nuestras debilidades y nuestros comportamientos inadecuados.
4.- Reservad regularmente un tiempo para vosotros, solo para vosotros, sin distracciones de ningún tipo (sin ordenador, sin TV, sin I-phone…). Tomad un té juntos, invitaos a una cena especial, dad un paseo. Haced lo que queráis, pero que sea solo para vosotros. Comprometeos a dedicaros, al menos, un rato al día, unas horas a la semana y unos días al año. Esto puede parecer fácil ahora, cuando aún estáis atontados el uno por el otro, pero con el tiempo y las responsabilidades esto se vuelve más y más difícil. Así que tomad la decisión ahora y respetadla cuando resulte complicado hacerlo.
5.- Tomad juntos todas las decisiones. Esto no siempre es fácil, pero vale la pena. Cuando decidimos juntos, o los dos acertamos o los dos nos equivocamos (no hay bandos). Sin embargo, cuando no nos esforzamos por buscar el consenso, acabamos acostumbrándonos a tomar cada uno su camino, y esto siempre lleva al distanciamiento y, en ocasiones, también a la separación.
6.- No deis lugar a la dejadez, el conformismo y la mediocridad. Seguid conquistándoos siempre. Cuidad los detalles, que son importantes. No descuidéis el aspecto físico, como tampoco lo habéis hecho durante el noviazgo, ni dejéis de interesaros en aquellas cosas que interesan a vuestro cónyuge. Enamorarse pude ser fruto de un flechazo, pero seguir enamorado es fruto de un esfuerzo constante e intencionado.
7.- Servíos el uno al otro. Que el matrimonio sea como una competición en la que cada cónyuge busca ser el que más sirve, el que más pendiente está del otro. Así, todas vuestras necesidades serán suplidas, no por vuestro propio esfuerzo, sino por el esfuerzo y la dedicación de vuestro esposo o esposa. Todos llegamos al matrimonio con una servilleta en la mano; pongámonos esa servilla al brazo, como buen camarero que quiere atender diligentemente a sus comensales, no al cuello, como persona que solo viene a disfrutar del banquete.
8.- En la intimidad, buscad siempre la satisfacción del otro antes que vuestro deleite particular. La relación íntima es otra área en la que también podéis serviros en amor. Hacedlo con delicadeza y suma atención.
9.- Tres fronteras que no debéis cruzar: la noche, el menosprecio y la violencia.
• Nunca os vayáis a dormir enfadados. Es mejor dormir poco pero en paz, que dormir mucho pero en amargura. En el silencio de la noche y en lo secreto de nuestra mente, los problemas no resueltos se hacen mucho más grandes con facilidad.
• Nunca digáis una palabra con menosprecio. Ni tan solo la penséis (y, si os viene a la mente, no la alberguéis en el corazón), ya que los momentos de ira o frustración acaban sacando a la luz lo que hemos escondido en nuestro corazón.
• Nunca practiquéis la violencia, ni la física ni la verbal. Cualquier acto de violencia deja heridas que son muy difíciles de sanar y que, en cualquier caso, pueden dejar cicatrices que duren para siempre. Además, cualquier acto de violencia abre una puerta que cada vez nos resulta más fácil cruzar. Nunca abráis esa puerta.
10.- Que el dinero sea vuestro siervo, nunca vuestro amo. Y que sea un elemento unificador, no una herramienta de separación. Muchas personas se sorprenden al descubrir que las cuestiones económicas son una de las principales causas de separación. Sujetad al dinero. Decidid juntos cómo lo vais a ganar y cómo lo vais a gastar. No dejéis que él gobierne vuestra relación.






































































